viernes, 11 de diciembre de 2015

LA VIOLENCIA DE GÉNERO Y SUS IMPLICACIONES PARA LA EDUCACIÓN

(Este artículo fue realizado para campaña de prevención de la violencia machista en las aulas de FETE-UGT. Quedó fuera por espacio así que lo recupero para ver si la cúpula y la afiliación del PP y en especial del retrógrado C's aprenden algo de lo que significa el machismo y sus consecuencias)

Las noticias nos asombran cada semana con una nueva muerte o hecho sangriento de la violencia de género. Actos que en épocas pre-democráticas eran considerados de uso doméstico e interno de las familias, ahora tienen una presencia política y social como corresponde a la gravedad de los hechos y los factores que lo incitan. Según los datos que facilita el Consejo General del Poder Judicial del primer trimestre de 2015, las denuncias por malos tratos (físicos y psíquicos) han sido 30.293. ¡Solo en un trimestre más de treinta mil mujeres han decidido denunciar una situación de Violencia de Género! Esto supone que por cada 10.000 mujeres que residen en España 13,21 denuncian cada trimestre sufrir Violencia de Género. Las cifras resultan, sin lugar a dudas frías, pero imagínense que dos de las mujeres a las que pueden observar en el Metro o el autobús cada día son víctimas de este tipo de violencia o lo serán durante su vida. Y su vida incluye los centros educativos. Por tanto es labor de todos los cuerpos docentes poner todo el esfuerzo en la prevención de este tipo de comportamientos sexistas y violentos.
Sería, como sucede en otros parámetros socializadores, una carga muy pesada dejar en manos de las y los docentes todo el proceso. La Escuela, siendo parte fundamental del proceso de socialización de las mujeres y los hombres, no es el único lugar donde se debe actuar para erradicar la Violencia de Género. Gran parte de la función de socialización se produce en la familia, en los grupos de amistad, en los medios de comunicación, etc. Por tanto, la Educación escolar es solo uno de los pilares donde actuar. Más si cabe si entendemos que la Violencia de Género es producto de la ideología patriarcal o del Patriarcado.
El Patriarcado como forma ideológica está inscrito en el sistema ideológico general y por tanto se extiende a todos los procesos comunicativos, tanto los lingüísticos como los meramente simbólicos. Y es en este transcurrir comunicativo cuando, siguiendo la teoría luhmanniana, el propio sistema ideológico patriarcal genera la autopóiesis que le permite reproducirse y pervivir bajo formas más sutiles pero igualmente perjudiciales. Como nos recordaba Pierre Bourdieu en La dominación masculina la violencia de género es una violencia simbólica, una fuerza de poder que se ejerce directamente sobre los cuerpos de las personas al margen de cualquier forma de coacción física, pero utilizando una serie de resortes que la terminan inscribiendo en lo más profundo de los propios cuerpos humanos. Porque el patriarcado es capaz de resistir el paso del tiempo y de distintas formas ideológicas. Y si, como dice Slavoj Žižek (2009), el sistema de dominación capitalista es siempre violento, el patriarcado como sistema de apoyo del mismo genera una violencia mayor y doble sobre una determinada parte de la población, las mujeres (aunque no debería olvidarse que también lo hace contra todas aquellas personas que tienen una orientación sexual distinta a la determinada como “normal” por el sistema patriarcal).
La principal forma ideológica del patriarcado es negar a la mujer su propia individualidad quedando encarnada en lo Otro, como bien expresó Amelia Valcárcel (1991). Y ¿qué es lo otro? La oscuridad del mundo doméstico, del cuidado, de la intimidad, de lo sensible… Por tanto, la mujer carece de peso ontológico y es definida por medio de la negación de lo que se considera lo perfecto, el hombre (Miyares, 1990: 100 y 101). Por tanto, el machismo en su reafirmación hace uso y disfrute de lo negado, de lo que carece de ontología e individualidad por medio de la dominación que siempre es violenta. Así pues, el patriarcado ejerce siempre de una forma u otra poder sobre su objeto de dominación. Y como forma de reafirmación de ese poder de dominación surge la Violencia de Género en sus distintas manifestaciones.
La lucha del movimiento feminista ha permitido que esa violencia ejercida contra las mujeres y apoyada en un sistema ideológico patriarcal haya ido perdiendo fuerza, pero el patriarcado resiste porque como sistema de poder no quiere perder el ejercicio del dominio y más cuando, en su alianza con el sistema capitalista, le está reportando muchos más beneficios que nunca en la Historia. Las actitudes machistas siguen presentes y la violencia se torna más sutil, menos aparente. Es más muchas formas de machismo son imperceptibles incluso para las propias víctimas y sus victimarios por mucho que tengan una educación más o menos no sexista. La división sexual del trabajo y las relaciones asimétricas de poder entre mujeres y hombres siguen presentes como reflejo de esas desigualdades de poder que impone el sistema patriarcal. La brecha salarial, la feminización de algunos trabajos y algunos puestos de trabajo, el paternalismo en las relaciones sociales y políticas, etc., son muestras evidentes y presentes de la evolución autopoiética del sistema patriarcal.
Y esta invisibilidad del sistema patriarcal es evidente de igual forma en los propios recintos académicos, donde las relaciones entre chicas y chicos persisten asimétricas. Solo hay que mirar cómo ocupan el espacio público los hombres y las mujeres dentro de los distintos recintos educativos, qué tipo de actividades son realizadas por cada género e, incluso, qué comportamientos tienen dentro del aula unas y otros. Aun cuando se han hecho muchos avances y esfuerzos en los centros educativos por parte del colectivo docente, el camino para la igualdad efectiva entre ambos géneros es arduo.
Y se puede apreciar que en todo momento se habla de género y no sexo. En efecto, el patriarcado hace de la diferenciación fisiológica sexual su punto de apoyo de toda la construcción ideológica. La diferencia sexual como eje de la dominación de género ha sido siempre una de la excusas del machista para ejercer su poder contra las mujeres. Diferencias fisiológicas existen hasta dentro de los especímenes del mismo sexo, sin embargo, lo que el patriarcado establece es un sistema de dominación de género, lo masculino como superior a lo femenino. Pero eso ya no son distinciones sexuales sino culturales e ideológicas. Y es cultural el fomento de la Violencia de Género. La violencia no se perpetra por una cuestión de fuerza sino por una posición de poder cultural que tiene una respuesta física o psicológica contra el objeto en que el patriarcado convierte a la mujer.
Todo ello se refleja, como se afirmó, en el proceso de socialización. Proceso comunicativo lingüístico y simbólico que presiona a las personas para que adopten diferentes roles y pautas de comportamiento según su género. En este proceso a los niños se les inculca una identidad de género masculina donde se prima la agresividad, el ganar, competir, luchar, conquistar, vencer, ser el más en todo. A las niñas, por el contrario, se las socializa en ceder, pactar, cooperar, obedecer, cuidar… En términos generales, en estar sometidas al poder preponderante del patriarcado.
Se puede entonces definir la Violencia de Género, tal y como se puede leer en el artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de la ONU, como “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo [género] femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada”. En esa parte pública, pequeña pero amplia en el tiempo, que es la Escuela se debe actuar mediante una serie de parámetros educativos que ahora veremos, pero siempre habrá el cuerpo docente entender que el propio patriarcado ha generado una serie de mitos justificativos que deben ser tenidos en cuenta. Primer mito a derribar. La violencia de género no se produce solo en las familias con problemas sino que puede producirse en cualquier tipo de núcleo familiar. Segundo mito. Los hombres maltratadores no lo son por tener adicciones al alcohol, las drogas, o por su situación personal. Al contrario son violentos en su casa o con su pareja pero fuera de ese ámbito no lo son. Son el típico producto de un proceso de socialización patriarcal. Tercer mito. La violencia de género que se produce en el ámbito familiar debe resolverse en lo privado. Falso. La violencia de género es un problema social y como tal debe ser tratado públicamente. Cuarto mito. El patriarcado insiste en que la violencia de género solo se produce en familias de recursos escasos, cuando la realidad demuestra que el problema es interclasista. Quinto mito. El sistema de dominación tiende a negar la gravedad de la violencia y a expresar que son exageraciones de las mujeres feministas. Demasiadas muertas demuestran que no son exageraciones y cerca de 100.000 denuncias al año no son producto de la exageración de ningún grupo feminista. Es una terrible realidad de la que tan solo tenemos unos pocos datos de aquellas que denuncian, de las que sufren o han sufrido sin denunciar no sabemos más que si son cercanas a nuestros círculos sociales. Sexto mito. El machismo suele estereotipar a las mujeres que sufren la violencia de género como pasivas, sin estudios, jóvenes o muy mayores, sin trabajo remunerado, etc. Y la realidad nos muestra que la violencia se produce en cualquier estrato generacional y en cualquier clase social. Es más, la violencia de género se está viendo en edades sumamente tempranas en colegios e institutos de nuestro país. Séptimo mito. Si no abandonan es porque les gusta. No solo se les niega la agresión sino que se banaliza la misma cuando los factores psicológicos, la falta de relaciones afectivas suprimidas por el agresor, la dependencia económica, etc., son factores que impiden a la mujer salir del círculo de la violencia. Octavo mito. En los casos de agresiones sexuales siempre acude el patriarcado a justificar la agresión por la forma de vestir de la mujer o porque creen que no saben manifestar sus deseos sexuales libremente (la terrible frase “Cuando dicen NO es que quieren decir SI”). Cuando la realidad es que la autonomía de la mujer le permite tomar por ella misma sus decisiones y si dice NO ES NO. Y, por último, el Noveno mito del patriarcado para justificar la violencia. Si existe un núcleo familiar con descendencia lo mejor es aguantar. Ninguna mujer debe aguantar nada por poseer descendencia. La sociedad debe estar preparada para ayudarla desde muy distintos ámbitos si es que realmente se desea una sociedad moderna y avanzada.
Lo que se comprueba a nivel general del sistema social, como en cierto modo es lógico, se proyecta igualmente en el ámbito educativo. Las aulas de nuestro país están asistiendo a numerosos casos, en algunos casos con muerte, de acoso escolar. Buena parte del acoso escolar está fundamentado en la ideología patriarcal y en numerosos casos tienen una clara génesis de violencia de género. Si analizamos los comportamientos que tienen chicas y chicos se puede observar que siguen los parámetros de posición dominante, de negación de la otredad, de sublimación de la fortaleza del poder de dominación del macho alfa (en los grupos de chicas podríamos decir de la hembra alfa) en la manada… típicos del comportamiento patriarcal. Los otros y las otras son mujeres, homosexuales, lesbianas, inmigrantes o, simplemente, chicos y chicas que destacan educativamente. Se niega la alteridad para reafirmar la posición dominante patriarcal en la escala social de los centros educativos. El miedo al otro es la fuerza reafirmante de esa negación y de la afirmación de la propia posición en el mundo.
Esto que es válido para cualquier tipo de violencia y/o acoso en las aulas se torna aún más grave en el caso de la violencia ejercida contra las mujeres. Mirando tan solo los comportamientos externos de las chicas y chicos de los distintos centros educativos se puede percibir que el machismo en las propias relaciones afectivas/íntimas entre los dos géneros se encuentra peligrosamente presente. Chicas que antes se mostraban alegres y dicharacheras cambian su comportamiento al emparejarse con chicos. Cambian su forma de vestir, se retraen, aceptan una posición de sumisión respecto al macho en todas las actividades sociales (e incluso educativas) del centro escolar. Los celos, la imposición de la forma de vestir, el ser sumisa a los deseos del hombre, el control social y personal que se ejerce contra la mujer en los grupos de adolescentes están presentes en todos los centros educativos y son perfectamente observables sin necesidad de realizar un estudio en profundidad.
A todo ello hay que sumar la llegada de los nuevos medios de comunicación digitales a las jóvenes y los jóvenes españoles que pueblan las aulas. El ciberacoso contra las mujeres es parte de la violencia de género. La más sofisticada arma de control y sumisión del patriarcado. El prohibir las amistades y las fotos que se pueden subir a las redes sociales; el control de las conexiones en los diferentes servicios de mensajería rápida (Whatsapp, Messenger, Line, etc.); las fotos de los distintos perfiles que se pueden utilizar; a quién se puede contactar o a quién no; etcétera, son todos nuevos métodos de ejercer la violencia de género y sin necesidad de una presencia física. Y esto se reproduce en los propios centros educativos porque los chicos y chicas llevan con ellos sus propios dispositivos digitales.
Por tanto, no se puede mirar hacia otro lado pensando que la violencia se ejerce tan solo más allá de las fronteras del centro escolar. No se debe pensar que los casos de acoso son producto de chicas y chicos con problemas y además aislados. Al contrario es un problema muy serio y grave que se encuentra tan inserto en los centros educativos como en la sociedad en general y del cual el personal de los mismos es tanto parte del problema como de la solución. Parte si no ha asimilado los principios de igualdad y de respeto a la diversidad, de convivencia pacífica, de amor en libertad, de aceptación en igualdad de las relaciones afectiva; y solución porque son un factor clave en la educación de las mujeres y hombres del futuro y de su forma de socialización. Evidentemente, existen muy diversos núcleos de socialización que afectan a la población educativa (familia, medios de comunicación, amistades, etc.), pero la escuela debe ser ese punto de inflexión que les permita contrastar las opciones que realmente existen.
Una ley educativa como la LOMCE, de reciente aplicación, no solo no apoya una educación en igualdad sino que reproduce en su propia esencia los valores más abyectos del patriarcado. La eliminación la asignatura de Educación para la Ciudadanía o la eliminación de la Filosofía como obligatoria en el Bachillerato es una forma de socavar el pensamiento libre y en igualdad. De negar una educación de acuerdo a parámetros de progreso humano y social, de impedir el avance hacia una sociedad más justa, igualitaria y libre e, incluso, de socavar el humanismo presente en el propio cristianismo. Mas la introducción de asignaturas de Emprendimiento o Economía muestran claramente hacia donde se quiere dirigir la educación: hacia el sostenimiento del sistema capitalista y la explotación, y hacia la reafirmación de los valores patriarcales que son comunes a ambos sistemas ideológicos. Se les pretende inculcar que solo hay una lógica de la victoria y la derrota, del poder y de la sumisión, del pacto siempre y cuando sea ventajoso para propia posición dominante, de los juegos de suma cero…
Por tanto, educar en igualdad debe ser el principal esfuerzo preventivo a realizar por los centros educativos. Y la coeducación en combinación con el laicismo deben ser las fórmulas pedagógicas transversales de utilización en la prevención de la Violencia de Género. Y coeducar no supone unificar o asimilar a niñas y niños a un solo modelo “masculino”. Ni educar sin segregación. La coeducación está vinculada al respeto de lo diferente, a conocerlo, a disfrutar de la riqueza que ofrece la diversidad inserta en la propia sociedad. Sí exige que se den situaciones de igualdad real en las oportunidades académicas, profesionales y sociales para que el género no se aun factor determinante en la generación de desventajas en la consecución de objetivos similares entre ambos géneros. En este sentido, es necesaria la formación del cuerpo docente, directivo y laboral de los centros educativos a fin de que no repitan estereotipos machistas en la exigencia, la orientación y formación de las niñas y niños. Las identidades personales deben ser construidas autoconceptualmente de forma positiva y saludable partiendo de la asunción sexual de su identidad sin ningún tipo de presión para seguir los parámetros establecidos por el patriarcado.
Tampoco supone incluir a los hombres en el género femenino sino propiciar la comunicación entre las personas de ambos sexos mediante el respeto, la asertividad, el conocimiento y aceptación de la alteridad, la creatividad e innovación generadora de nuevas formas no sexistas de convivencia mediante un diálogo abierto y sin imposiciones ideológicas. Porque coeducar es tener capacidad crítica y utilizarla; es hacer de la convivencia en la diferencia una fuente de riqueza cultural y social; es compromiso con la propia sociedad que se construye día a día y que se quiere legar; y es un claro mecanismo de Justicia Social. No supone decantarse por uno u otro modelo de género sino alcanzar un enriquecimiento cultural e ideológico mayor por la aportación de prácticas y valores que siempre han sido considerados como prototípicamente femeninos. La coeducación supone enseñar que la corresponsabilidad es un valor fundamental de convivencia entre los seres humanos y, por ende, entre hombres y mujeres. Que el oikos no es un nomos de las mujeres sino de todas aquellas personas que deciden libremente compartir un espacio familiar. Supone llevar la isegoría de lo público a lo privado y que lo público sea realmente igual para todas las personas sin distinción de género, orientación sexual, raza o ideología.
Y para obtener un claro avance en este sentido hay que tener en cuenta cuales son los principios rectores de la Coeducación: 1.) Deben coexistir actitudes y valores diversos para que puedan ser aceptados por personas independientemente del género; 2.) Se pretende un desarrollo completo de la personalidad sin barreras impuestas por el género, corrigiendo el sexismo cultural e ideológico y trabajar para acabar con la desigualdad social existente entre mujeres y hombres; 3.) Se plantea una educación integral que no esconde ni oculta el valor y la experiencia de las mujeres a lo largo de la Historia; 4.) Supone un cuestionamiento de las formas de conocimiento socialmente dominantes e ideológicamente determinadas; 5.) Pretende una práctica de lenguajes diversos, lo que supone y exige prestar atención a los procesos afectivos y de la propia sexualidad sin cortapisas ni imposiciones de patrones culturales dominantes.
De igual importancia, el Laicismo como fórmula de diálogo, de no aceptación de patrones culturales únicos, de enseñanza en diversidad, de pensamiento crítico o de superación de la tradición supone una herramienta enriquecedora de las fórmulas educativas y de los principios de la Coeducación. Cuestiona en sí mismo el discurso dominante en la educación, la cual, en España está sufriendo un retroceso pedagógico, ideológico y de resultados en base a volver a fórmulas caducas y desigualitarias. Lo que curiosamente contradice en discurso del emprendimiento que se supone fomentar con la reforma de la LOMCE. El emprendimiento en su génesis conceptual y práctica, desarrollada por John Stuart Mill y Joseph A. Schumpeter, poco o nada tiene que ver con los valores del empresariado que se pretenden inculcar (Aparicio et. al.: 2013). Bien al contrario, los valores del emprendimiento se encuentran más cerca de la Coeducación de lo que se piensa pues suponen innovación, crítica y saltar sobre la barreras de lo establecido para llegar más allá y conseguir que las cosas funcionen adecuadamente. Pero la falsedad ideológica que pretende una regresión a valores tradicionales y acabar con el pensamiento crítico, abierto y en igualdad es evidente.
Así pues la Coeducación, más las diferentes herramientas que la pueden ayudar como el laicismo, es un factor fundamental para prevención de la Violencia de Género no solo en las aulas sino también a nivel general de la sociedad. Las niñas y niños tendrán, gracias a los avances coeducativos, suficientes herramientas mentales y culturales para superar la ideología patriarcal no solo en su día a día personal sino, también, en sus relaciones de socialización con otros grupos (familia, amistades, trabajo…). Las mujeres y hombres así formados tendrán relaciones abiertas, sanas, libres de dominación,  apertura de la intimidad afectiva personal, sexualidad plena y enriquecedora, pero, especialmente, sin la amenaza de la ideología patriarcal y de la violencia que ella implica.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


APARICIO GARCÍA, S., ARGÜELLES, D., SALCEDO, C., IBARRA MARES, A., MATIZ, F., PARRA, L., y otros. (2013). Emprendimiento: diferentes aproximaciones. Bogotá: Universidad EAN.

BOURDIEU, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona: Anagrama.

CGPJ. (2015). La violencia sobre la mujer en la estadística judicial. Primer trimestre de 2015. Recuperado el 12 de 09 de 2015, de http://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Temas/Violencia-domestica-y-de-genero/Actividad-del-Observatorio/Datos-estadisticos/La-violencia-sobre-la-mujer-en-la-estadistica-judicial--Primer-trimestre-de-2015

FETE-UGT. (2014). Diccionario On Line de Coeducación. Recuperado el 12 de 09 de 2015, de http://bibliowebfeteugt.es/igualdad/materiales-didacticos/

MIYARES, A. (1990). El discurso del Poder: la Igualdad. Leviatán(41), 99-108.

VALCÁRCEL, A. (1991). Sexo y Filosofía. Sobre "mujer" y "poder". Barcelona: Anthropos.

Žižek, S. (2009). Sobre la violencia. Barcelona: Paidós.

martes, 8 de diciembre de 2015

REFLEXIONES SOBRE EL DEBATE 2015



Y el debate se produjo, pero no se hizo la luz. Haciendo un símil taurino “Corrida de expectación, corrida de decepción”. Sí, sentimos decirlo pero fue una decepción el tan cacareado debate a cuatro. Por un lado, que el representante de Unidad Popular-Izquierda Unida no estuviese es lamentable por la pérdida de legitimidad del mismo que ha supuesto. Aunque bien es cierto que al ser un debate en un grupo mediático privado estaban en su derecho de organizarlo tal y como deseasen… pero que no nos intenten vender motos legitimatorias. Y, por otro lado, la ausencia del presidente “plasmagórico” (disfrutando del puente en Doñana a cargo de todos los contribuyentes) resultó impresentable. Le sustituyó la señora Sáenz de Santamaría que, haciendo uso de una escuela de pensamiento empresarial, lo justificó afirmando que en el PP son un equipo y que cualquiera representa al conjunto con igual legitimidad y fortaleza. Nos preguntamos entonces si con la cantidad de casos de corrupción que afectan directamente a miembros destacados de ese equipo ¿por qué no ha dimitido el equipo ya que todos serían responsables? O ¿por qué se enfadan al decir que el PP es un partido corrupto si todos son equipo?

De igual forma, el formato elegido para desarrollarlo era bastante mediocre. Los candidatos y la candidata de pie todo el rato y sin poder moverse más allá de las marcas que tenían. Preguntas inocuas o más enfocadas a la carnaza periodística. Agresividad de los supuestos moderadores (¡¡señoras y señores periodistas ustedes no son los importantes!!). Grandes temas que apenas se tocaron de soslayo. Saltos de candidato a candidato sin ton ni son. Mejorable en todos los aspectos pero lógico y representativo de la actividad periodística que tenemos en el país. Una actividad que imbuida del espíritu del rey sol afirma sin rubor “La opinión soy yo”. Debemos ir, por tanto, al análisis del debate en sí y de lo mucho o poco que nos ofreció.

PRESENTACIÓN


En términos generales los tres candidatos y la candidata se mostraron tensos durante la presentación. La rigidez de los cuerpos era patente en todos los casos y en algunos incluso se eligió desafortunadamente una indumentaria inadecuada. Pedro Sánchez optó por una mezcla de seriedad y sport que no daba bien en pantalla en los planos generales y en los de cuerpo entero. Sin duda la parte superior proyectaba una imagen de presidenciable (que no está mal). El error se encontraba en la parte inferior con unos pantalones de sport, que no hacían juego con la chaqueta elegida y unos zapatos incombinables con todo el atuendo. El impacto visual resultaba poco agradable a la vista.

Sobrio se presentó Albert Rivera pero excediéndose en las posturas de medio lado para buscar una sonrisa cómplice y que en pantalla resultaba falsa o al menos impostada. De esta forma transmitió superficialidad y recordaba más a Julio Iglesias que a un candidato a gobernar el país. Quien le hay dicho a este hombre que es el Kennedy español debería retirarse y dedicarse a otros menesteres.

Sáenz de Santamaría se presentó sobria para ir a una fiesta y fiestera para ir a un debate televisivo. ¿Tacones de aguja? ¡¡¡Por favor!!! Además el modelo elegido reafirmaba sus puntos débiles.

Pablo Iglesias por su parte acudió tal cual nos tiene acostumbrados. Desde luego es ventilar la casa política y no tener que disfrazarse para hablar de política y gobierno. Tal vez debería haber elegido otro tono de camisa para que no reflejase el sudor de los sobacos, aunque acertó al tener un bolígrafo en la mano para desviar tensiones corporales.

Curiosamente ninguno eligió sentarse en los taburetes que tenían a su disposición mientras no hablaban (o incluso para hablar). Les hubiese permitido estar más relajados y transmitir mayor cercanía al expresar sus opiniones. Pero dejemos el lenguaje no verbal y vayamos al análisis del discurso.

La presentación del debate produjo una retahíla de frases manidas y eslóganes ya muy escuchados por la ciudadanía. Todos recurrieron a las encuestas para justificarse y para intentar proyectarse. Pedro Sánchez marcó territorio respecto a sus oponentes y acertó al destacar al PSOE como único capaz de cambiar la situación (los otros no lo hicieron con esa firmeza desde luego). Rivera, muy nervioso y con cierta altanería, también marco territorio pero erró al no definirse en la posibilidad de apoyar o no otros partidos. Insistió en el ÉL gobernaría (no su partido) pero dio la impresión de estar entre dos aguas.

Pablo Iglesias insistió en que su partido representa a la mayoría de las personas e hizo muy bien al no responder a la pregunta de los moderadores (pregunta que poco o nada tenía que ver) y responder al resto de los debatientes por los ataques sufridos por las encuestas. Esto le hizo ganar puntos sin duda y le permitió enlazar con el tema que le habían propuesto alabando las cualidades de un militar de alto grado y compromiso que integra sus filas. La vicepresidenta, por su parte, hizo lo que pudo para justificar la ausencia del presidente plasmagórico recurriendo al tópico del equipo, pero dejando entrever muchos nervios e inseguridad en su respuesta. Luego pasó al eslogan  de los mal que los hizo el presidente Rodríguez y que ellos eran los salvadores patrios.

ECONOMÍA


En este apartado del debate, en términos generales, sobresalieron tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias. Lógico en el caso del primero pues es doctor en Ciencias Económicas y sorprendente en el caso del segundo porque se manejó a la perfección en un entorno que no es el suyo propio. Ambos fueron los que lanzaron las propuestas más realistas, concisas y apegadas a la realidad de los datos macro y microeconómicos de España.

Pedro Sánchez estuvo sobrio y se le notó, obviamente, que dominaba perfectamente los números (incluso se permitió el corregir al propio gobierno con sus propios números en varias ocasiones) y nos ofreció propuestas en materia laboral, impositiva y de déficit público realistas, afirmando además un claro compromiso como futurible presidente del gobierno. Estuvo muy acertado al desmontar política y económicamente a Rivera y sus propuestas de contrato único y de reducción del déficit. La subida del salario mínimo interprofesional y la renegociación del déficit público fueron sus dos puntos más firmes. Además, como también hizo Iglesias, acertó al insistir que el déficit público viene determinado por las ayudas a la banca y no por cuestiones de gestión pública.

Pablo Iglesias inició su discurso atacando a la falta de realismo de los demás partidos respecto a la situación en la que viven millones de ciudadanos y ciudadanas y al combatir con números y bastante elocuencia las propuestas de Rivera y Sáenz de Santamaría. Sus propuestas económicas fueron concretas y muy reales (nada que ver con las acusaciones recibidas sobre Grecia y Venezuela) como: cambiar la base productiva e industrial del país; los diferentes tramos del IVA; los impuestos directos e indirectos en función de las ganancias; las tasas a la riqueza y la subida del salario mínimo interprofesional. En términos generales acertó en casi todas sus intervenciones y estuvo especialmente hábil al exponer que donde gobierna Podemos se pagan las deudas y se reduce el déficit sin dañar a la mayoría de ciudadanos.

Soraya Sáenz de Santamaría tuvo un discurso muy de gobierno como salvador de la patria y fió toda la mejora de la calidad de vida al crecimiento económico del PIB. Cualquier economista le diría que crecer en el PIB no tiene por qué implicar un aumento de la calidad de vida de la mayoría (así lo demuestran los datos de numerosos países). En su debe también debe estar el que no explicó cómo y a costa de qué se crecería. No supo responder a los recortes en el estado de bienestar, ni al aumento del déficit de la Administración General del Estado. Afirmó sin rubor que las pensiones habían subido con ellos en el gobierno. Lo que no es falso porque lo han hecho un 0.5% en cuatro años pero si la inflación media ha sido del 2% nos parece que algo han perdido por el camino. Pero en términos generales estuvo en su papel de gobierno aunque se le notaba que era una materia que no dominaba a la perfección.

Albert Rivera se vio desarbolado por completo en este asunto tanto por la izquierda como por la derecha. Su plan estrella para recuperar el empleo del contrato único fue rebatido con argumentos sólidos y datos poniéndolo en entredicho. Recurrió al topicazo de querer ser Dinamarca sin ningún efecto y observándose una carencia total de conocimientos en la materia. Respecto al déficit cayó en la banalización al afirmar que eso con una tabla de datos (supones que Excel) se veía fácil como reducirlo. Y al verse sin argumentos dirigió sus críticas a parte de la Administración del Estado a la calificó de improductiva sin especificar más. Salvo quitar las diputaciones provinciales (algo que están de acuerdo todos los partidos contendientes), no explicó cómo bajar los impuestos, ni como reducir el déficit. Mal, muy mal en este territorio.

EDUCACIÓN

En este apartado la vicepresidenta defendió la reforma del gobierno con la LOMCE y recurrió a la unidad lingüística para hablar de educación. Suponemos que, independientemente del idioma utilizado, lo importante será el contenido ¿no? Se le notó que no dominaba la materia y no justificó sus propuestas. Un discurso pobre y muy conservador.
Albert Rivera comenzó pidiendo un pacto para una generación pero se equivocó en el resto de propuestas demostrando su escaso conocimiento del ámbito educativo y cierto exceso de soberbia. Propuso un MIR para el profesorado (sin especificar qué es eso) y dando por supuesto que en la actualidad para ser profesor o bien tienes que hacer un master con sus prácticas (infantil, primaria, ESO y bachiller) o bien tienes que ser calificado por una agencia estatal (ANECA para la Universidad). La realidad actual se asemeja bastante a un MIR ¿no? Insistió en la educación en dos o tres lenguas y solicitó una reforma de la Universidad para saber qué trabajo puede hacerse al terminar los estudios (sic). Otro error de desconocimiento de la actual Universidad, que puede ser mejorable sin duda.

Pedro Sánchez, más relajado según avanzaba el debate, animó a crear una gran ley educativa donde estuvieran todos los partidos de acuerdo y acertó al prometer con firmeza el mantener la financiación del sistema educativo y convertir las becas un derecho si se cumplían los requisitos solicitados.

Pablo Iglesias dio una lección de conocimiento del tema que se estaba tratando. Habló con claridad, recordó las marchas verdes (donde sí estaba la UGT pero poco se vio al PSOE) y propuso que el pacto por la educación no solo tuviese a los partidos políticos sino incluir al profesorado, las AMPAS, los estudiantes y los demás colectivos afectados. Además propuso reforzar el derecho constitucional de la Educación e hizo ver la diferencia de clase entre los que defendían y utilizaban la escuela pública y los que utilizan la escuela privada.

CORRUPCIÓN

La vicepresidenta quedó retratada en este punto, como era de esperar, y se excusó hablando de explicaciones y de sentimientos de vergüenza. Pero nada de las responsabilidades políticas. Se la notó muy nerviosa y con escasa capacidad de reacción.
Pedro Sánchez estuvo sobrio pero poco más que destacar salvo dos o tres andanadas que lanzó al PP.

Obviamente en este tema los dos partidos que nunca han gobernado tenían que salir reforzados pero ¿lo hicieron? Pablo Iglesias acertó de pleno al establecer cuáles eran los puntos calientes de la corrupción y además su cambio de expresión corporal y del tono empleado ayudaron a reforzar su discurso.

Albert Rivera, por su parte, fue quien hizo las propuestas más claras en este terreno como la verdadera separación de poderes y el no indultar a los condenados por corrupción. Eso sí, no entendió nadie como la reforma electoral podría acabar con la corrupción y así se lo hicieron ver los demás participantes. Aunque fue la tónica suya toda la noche, intentar meter con calzador propuestas (que él cree estrellas) en momentos no apropiados o inadecuados. Además, Iglesias le hizo ver su “muleteo” tanto con el PSOE de los EREs como con el PP de la Gurtel y con eso le desarmó.

REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA

Tanto en el apartado anterior como en este los candidatos y la candidata tuvieron la oportunidad de lanzarse las puyas típicas de todo debate electoral y que hacen gracia a los fieles y convencidos o a los periodistas pero que no sirven más que para animar o desanimar según se mire.

En este punto concreto creemos que reinó más la confusión y donde se notó más desarbolada a la derecha española. Sáenz de Santamaría insistía en que gobierne el que más votos saque (haciendo además una estúpida alusión al campeonato de fútbol), lo que fue desmontado por Iglesias al recordarle que estamos en una democracia parlamentaria y gobierna quien más apoyos recibe. 

Rivera por su parte pidió la desaparición del Senado (¡¡qué manía han cogido con esta cámara!!) y su permuta por una conferencia de presidentes autonómicos, proyecto que fue perfectamente desmontado (¡otro más!) por la vicepresidenta al recordarle que Mas sería el representante de todos los catalanes.

Pedro Sánchez insistió en una gran reforma constitucional mediante el consenso y Pablo Iglesias en la reforma de la ley electoral para hacerla más proporcional, sumándose además a la reforma de la carta magna. Salvo al representante de Podemos se les vieron las costuras a los otros tres candidatos pues es un tema que no dominan ni en la teoría ni en la práctica.

CATALUÑA

Era el punto donde las discrepancias se tenían que hacer más patentes y así fue. Todos garantizaron la unidad del Estado español pero desde visiones altamente dispares. La vicepresidenta retomó el discurso de la legalidad y el conservadurismo. Afirmó la indisolubilidad de la nación española y se negó cualquier propuesta de referéndum. Eso sí, confundió Estado con nación (hubiese suspendido de ser alumna nuestra) y afirmó que en España solo existe una nación, la española. Le faltó recordar a los reyes católicos y decir una grande y libre.

Albert Rivera pecó de prepotencia por su condición de catalán y al intentar negar legitimidad a los demás en esta materia. En términos concretos siguió el modelo constitucional y achacó, con razón y tal y como hicieron los demás candidatos, el aumento de independentistas al gobierno del señor Rajoy.

Pedro Sánchez propuso la creación de un Estado federal (no sabemos si simétrico o asimétrico, como bien le recordó Sáenz de Santamaría) dentro de la amplia reforma constitucional. Un federalismo que pueda encajar a las distintas nacionalidades que conviven en el Estado español. Aun sin saber qué es eso del Estado federal, al menos sí acertó al afirmar con contundencia que, independientemente de las leyes, frente a los retos políticos hay que ofrecer soluciones políticas.

Como se preveía Pablo Iglesias fue el más atrevido al proponer el derecho de autodeterminación con locuacidad y sentido común. La derecha patria se le echó encima con argumentos legalistas y arcaicos pero que no pudieron, a nuestro parecer, desmontar el derecho y el referéndum. Ahora parece, según la derecha española, que la ONU es el sancta sanctorum del pensamiento político mundial, pero sentimos decirles que no es así. Igualmente chisposo estuvo Iglesias al recordarle a Sánchez que el PSOE en 1977 propugnaba en derecho de autodeterminación de los pueblos. El socialista lo negó y se equivocó al negarlo (copia mental: enviar a PS una copia electrónica de nuestra tesis doctoral para que vea que se equivoca y conozca algo de la historia de su partido).

VIOLENCIA DE GÉNERO

En este punto concreto la verdad es que todos estuvieron lamentables y ofrecieron una imagen patética y de desconocimiento del tema. Antes ya se habían peleado por ver quién era el partido más paritario, que por mucho que quieran decir nada esa virtud no se la pueden negar al PSOE y sus políticas de igualdad, pero en este punto patinaron. Salvo Pedro Sánchez que habló de educar para poder combatir la violencia desde la raíz, el resto habló por hablar.

La vicepresidenta del gobierno rozó la payasada lamentablemente al dirigirse a las jóvenas para evitar el ciberacoso y la presión de los novios (lo que es un hecho real, no obstante), además con una voz rayando el lloro lamentable, muy lamentable. Debe ser que ha visto la última campaña de la Secretaría de Igualdad de la UGT (en la que orgullosamente hemos participado en el diseño) pero sin entenderla, claro. Es más, como puede ni siquiera hablar de este tema cuando en su partido no se habla de violencia de género sino de violencia doméstica. Muy lamentable.

Nadie habló de combatir al mal en su raíz, esto es, al patriarcado como ideología que sustenta el machismo inherente a la violencia de género. Nadie habló de micromachismos. Nadie habló de brecha salarial. Nadie habló de desigualdad en numerosos órdenes de la vida. Nadie habló de lo importante.

CONCLUSIÓN

Obviando el final autolegitimador, se nos ocurre que la conclusión podría ser “¡Madre mía deberíamos salir corriendo de este país si alguno de estos nos gobiernan!” (muy en consonancia con el carácter ácrata español). Pero siendo sinceros creemos que salió muy reforzado del debate Pablo Iglesias y en menor sentido Pedro Sánchez. Ambos mostraron solvencia, recursos y propuestas suficientes como para constituirse en una verdadera alternativa de gobierno. Y si nos tuviésemos que decantar por un vencedor sería Iglesias a los puntos frente a sus rivales. Pedro Sánchez aunque estuvo solvente también se mostró muy gris durante algunas partes del debate, nervioso y muy tierno. Soraya Sáenz de Santamaría, tras la incomparecencia del presidente plasmagórico, supo reforzar su discurso para su gente con fases de mayor acierto pero muy gris durante todo el debate. Dudamos que haya podido hacer daño a C’s pero al menos igual ha podido contener la grieta en su electorado. Y, por último, el gran derrotado del debate Albert Rivera. Estuvo nervioso, se le notó incómodo, la sonrisa transmitía falsedad y acabó por perder la batalla de la centralidad y de la defensa de España. No supo distinguirse como liberal. Y sus propuestas cayeron en cántaro roto, quedando desarmadas por los otros contendientes. Sufrió un KO técnico sin duda.


En términos generales el debate para poco sirvió. Reforzó a los fieles y seguramente hay hecho penarse el voto a más de una y uno respecto a C’s, lo que ayudaría a PP y PSOE a recuperar algo del terreno perdido. Pero la próxima vez que hay un debate que piensen en la ciudadanía, no en los periodistas.

martes, 16 de junio de 2015

¿SERÁN POSIBLES LOS PACTOS A NIVEL NACIONAL? Política Ficción 1

¿SERÁN POSIBLES LOS PACTOS A NIVEL NACIONAL?
POLÍTICA FICCIÓN 1


Una vez que se ha esclarecido parcialmente el entramado de pactos, acuerdos tácitos, bloqueos, líneas rojas y demás alimento de la política post-electoral, parece buen momento para hacer ficción. Lo real es que Ciudadanos (de ahora en adelante C’s) ha pactado, directa o indirectamente, con el Partido Popular en todos aquellos lugares donde éste podía obtener el gobierno. Donde el PP no tenía tal posibilidad, han optado por no establecer algún tipo de apoyo salvo la, rara, excepción de su apoyo al PSOE de Andalucía. Por tanto, han quedado claras sus preferencias ideológicas y en modo alguno son ese partido bisagra que opinólogos y periodistas dicen.
El caso de Podemos tiene sus aristas también. A pesar de la claridad con la que se expresó el profesor Juan Carlos Monedero (“La única solución para echar al PP del Gobierno es pactar con el PSOE”), el grupo podemita no ha llegado a alianzas de izquierdas en todos los lugares, permitiendo a los partidos de derechas gobernar importantes municipios como Gijón. Igualmente, han estado exigiendo políticas imposibles tanto por falta de competencias como de realismo. Aunque parece que sí están acordando pactos ante situaciones que les podrían perjudicar.
El PSOE, pese a las soflamas de giro hacia la radicalidad de algunas personas importantes del PP (por cierto, con sobresueldos todas ellas), ha permitido, cuando no ha sido el partido mayoritario, que partidos de izquierda hayan obtenido alcaldías importantes. No sin haber negociado antes, lógicamente. Ha seguido una consigna clara frente al Partido Popular que era la que se esperaba.
De cómo avancen estos gobiernos el tiempo nos dirá y nos permitirá analizarlo. Ahora bien, toda esta amalgama de pactos, trueques, gritos, suspiros y peleas ¿podrían darse a nivel nacional? Veámoslo. Tomando los resultados a nivel autonómico, donde las tendencias de voto son equiparables a las nacionales que a nivel municipal (en los casos de Galicia, País Vasco y Cataluña hemos tenido que recurrir a los datos municipales por no haberse producido elecciones autonómicas), la configuración del Parlamento Español sería la siguiente (ver gráfico). El Partido Popular obtendría 120 escaños; el PSOE 110; Podemos 36; C’s 17; IU 3; Coalición Canaria 4; Bildu 6; Compromís 7; CiU 15; ERC 10; PNV 8; y otros partidos regionalistas 13.



Como se puede observar la fragmentación parlamentaria alcanzaría cotas similares a la de las primeras legislaturas de la democracia actual y al parlamentarismo republicano. Ninguno de los dos partidos mayoritarios estaría en disposición no ya de alcanzar la mayoría absoluta sino de acudir a la mayoría simple con uno o dos apoyos parlamentarios (como ha sido norma con CiU, CC o PNV). Solo utilizando los mecanismos de la Democracia de Consenso con participación tanto a derechas como a izquierdas, de los distintos partidos posibilitaría un gobierno con una mínima estabilidad.
Situémonos en la parte derecha del espectro político. El PP tendría casi imposible alcanzar pactos de gobierno en su perfil ideológico. Dando por hecho que tanto Coalición Canaria como C’s pactarían, es complicado que PNV y/o CiU optasen por formar gobierno junto al PP. Primero, porque ambos partidos se encuentran en procesos secesionistas o bien confederalistas que chocan frontalmente tanto con la ideología conservadora del PP como de la de C’s. Y segundo, porque son tantos los agravios cometidos contra los partidos nacionalistas que difícilmente podrían encontrar explicación para su electorado en sus lugares de origen. Por tanto, por la derecha no caben más posibilidades de pacto, ni de hacer pinza con partidos de izquierdas.
En el lado izquierdo del continuum ideológico sucedería algo similar. La suma de PSOE, IU, Podemos y los diferentes partidos regionalistas de izquierdas (hasta 8) sí obtendría una mayoría absoluta. Ahora bien, el consenso se torna prácticamente imposible tanto por pretensiones independentistas como regionalistas, utópicas, etc. El PSOE no podría ser la punta de lanza de un gobierno (que sería calificado de frentepopulista por la derecha ¡Nada nuevo bajo el sol!) donde los acuerdos fuesen de mínimos y con un exceso de demandas de muy distinto tipo.
Este panorama que aquí presentamos como ficción ¿es factible en unas elecciones generales? Muy factible aunque podrían existir ciertas variaciones en el voto como ahora veremos. En nuestra ficción política hemos tomado los votos y los hemos transferido al sistema electoral español de circunscripciones provinciales y utilización de la regla D’Hondt. Por tanto, de repetirse el mismo comportamiento electoral de la ciudadanía los resultados serían similares y con pequeñas modificaciones. Ahora bien, ¿qué podría cambiar? Los nuevos partidos se van a enfrentar a la realidad del hecho político en sí. Los partidos mayoritarios van a gobernar bajo una presión antes desconocida. Y los partidos regionalistas afrontarán un nuevo escenario político diferente a la región. Todos estos factores podrían hacer cambiar el voto a favor o en contra de las diferentes opciones políticas.
C’s ya ha dado pasos, casi todos en alianza con el conservadurismo, y de su actuación como coadyuvador del PP dependerá que gane o pierda apoyos en los grandes núcleos urbanos, que es donde reside su fuerza. Tal y como se comporten en estos meses seguirán siendo un receptor de votos defraudados del PP o la ciudadanía utilizará el voto útil para apoyar a la misma opción conservadora a la que han decidido mantener en diferentes gobiernos. Esto es, para votar y que siga el mismo conservadurismo gobernando se preferirá al original y no a la copia, salvo resultado sorpresa en las elecciones catalanas donde C’s va a hacer una apuesta muy fuerte.
En el caso de Podemos (y su entorno) sí van a afrontar responsabilidades de gobierno. Ello les marcará más porque van a hacer un uso efectivo del poder público. Así actúen les potenciará o les perjudicará en la proyección electoral. Los pactos de apoyo al PSOE les perjudicarán menos, seguramente, que los realizados por C’s al PP. Podemos no podía permitir gobiernos del PP y de cómo actúen como oposición pactada frente a los gobiernos socialistas dependerá su pérdida de votos frente al PSOE (o tal vez IU) o mantener ese apoyo en los grandes núcleos urbanos. Lo normal es que su apoyo no ascienda e, incluso, pueda bajar en algunos sitios donde los grandes poderes de la comunicación ejerzan mayor influencia. Curiosamente tanto Podemos como C’s obtienen sus mayores apoyos en grandes núcleos urbanos donde el impacto de los mass media es mayor.
En el caso de los dos grandes partidos, los apoyos no variarán demasiado y lo que pierda uno será ganancia del otro. El PP ha perdido poder territorial, lo que le perjudica especialmente en las zonas rurales, y el PSOE lo ha ganado. Si nada extraño sucediese esta ganancia le reafirmará como opción de gobierno. Igualmente, los candidatos que van a presentar supondrán un hándicap para sus partidos o no. Mariano Rajoy tiene tras de sí el desgaste del ejercicio del gobierno, su inmovilidad, sus sobresueldos y la corrupción interna de su partido. Mientras Pedro Sánchez es un neófito candidato cuyo debe se encuentra en la inexperiencia de gestión. Pero lo que parece seguro es que el partido que obtenga la posición principal no obtendría más allá de 135 escaños. Para que alguno se acerque a la mayoría absoluta haría falta un swing electoral que se antoja complicado porque tanto en Cataluña (para el caso del PP) como otros lugares (léase Navarra) ambos partidos tienen una presencia mínima.
Un factor clave va a ser los pequeños grupos regionalistas. Según la proyección realizada obtendrían 13 escaños (eso sin contar que su no presencia, por la ley D’Hondt, cambiaría el reparto sustancialmente) de presentarse a las elecciones y mantener los apoyos. Por un lado, lo normal es que pierdan apoyos en las elecciones generales en favor de los grandes partidos políticos nacionales o de los mayoritarios regionalistas en uso del voto útil o el simple cambio de escenario político de votación. Y, por otro lado, algunos podrían decidir no presentarse a las elecciones generales por no verse identificados con ese espacio de acción política.
En conclusión, lo más seguro, si no cambia la situación de forma radical, es que los resultados electorales de las próximas elecciones generales sean similares a los aquí presentados. La inestabilidad será parte del juego político y, seguramente, la facción dominante del bloque en el poder insistirá en una Große Koalition entre PP y PSOE. Que de producirse sería la muerte política del partido socialista. Pero, al fin y al cabo, todo esto no es más que política ficción ¿o no?

martes, 9 de junio de 2015

PACTOS Y DEMOCRACIA DE CONSENSO



Los resultados de las elecciones que se han venido celebrando en España (Autonómicas y Municipales), más los datos que ofrecen las encuestas de opinión, nos muestran un cambio en la conformación del sistema de partidos (o, al menos, eso parece), donde el bipartidismo o el bipartidismo imperfecto tiende a desaparecer. Desde las posiciones de mando de los nuevos partidos así se viene expresando. “Acabar con el bipartidismo” ha sido uno de los eslóganes más recurrentes. Aunque cuestión bien distinta es si lo han conseguido o lo podrán conseguir. “Acabar con la vieja política” ha sido el otro eslogan y el que, por el momento, nos interesa más en este artículo.
Esta posible ruptura de las mayorías absolutas (o mayorías casi absolutas) por la irrupción de nuevos partidos, los cuales todo sea dicho han sabido recoger el descontento de la ciudadanía para con la actividad política, nos lleva a un escenario de pactos, acuerdos, programas comunes, etc., pero ¿nos lleva a una democracia de consenso?
La democracia de consenso se fundamenta, expresado en términos simples, en la confluencia de diversos partidos sin mayoría suficiente para llevar a cabo acuerdos de gobierno, con reparto de poder institucional y generados y mantenidos por procesos de deliberación política. En Suiza, Alemania, Suecia, Italia y otros países este sistema ha venido funcionando con mayor o menor fortuna a lo largo de la historio democrática. Se han constituido gobiernos entre diferentes grupos étnicos/lingüísticos pero con una ideología similar, entre partidos de ideologías y/o posicionamientos políticos cercanos; etcétera. Sin embargo, ¿es este panorama que se nos ofrece desde las cúpulas de los partidos españoles? Parece ser que no. Nos ofrecen una nueva política de líneas rojas, pactos… pero sin necesidad de entrar a formar parte de los diferentes gobiernos. Una política no tan nueva y en modo alguno consensual.
En el bipartidismo imperfecto que ha habido en España partidos como CiU, PNV, CDS y otros a otros niveles ya utilizaron ese tipo de táctica de líneas rojas a cambio de compensaciones de distinto tipo. Marcaron los tiempos de los partidos políticos a los que apoyaron aunque, eso sí, sin publicitar tanto esa táctica. Ese tipo de política, sin llegar a ser consensual, sí tomaba de ella algunos parámetros que ahora no se producen como pactos gubernamentales de mínimos.
Los partidos de nueva aparición pretenden, como los antiguos, no implicarse en el gobierno, no tanto por cuestiones electoralistas como por cuestiones de seguir aparentando ser partidos no implicados en el sistema que se pretende cambiar. Ahora bien, no tomar parte en la gobernación de Comunidades Autónoma y/o Municipios ¿les puede generar réditos electorales? Sí y no. Dependiendo de la situación que enfrenten.
En el caso de Ciudadanos (de ahora en adelante C’s) puede haber mayor perjuicio que en el de Podemos. En primer lugar, C’s tiene entre sus máximas cambiar el sistema para mejorarlo y adaptarlo y desde fuera parece complicado porque necesitaría al resto de partidos, los cuales se pueden sentir muy perjudicados por la toma de posición de no implicarse en el gobierno y devolver el golpe cuando menos lo esperen. En segundo lugar, pretende ocupar el espacio centro-derecha centro-izquierda del espacio político por lo que las personas de derechas que les hayan votado los toman como alternativa de gobierno del PP o como fuerza de cambio de una derecha española ultramontana y llena de casos de corrupción. Lo mismo podríamos decir de las personas de centro-izquierda y respecto al PSOE. Por tanto, les han votado para gobernar y servir de freno a los partidos mayoritarios. En unos sitios se entenderá que apoyen al PP y en otros que apoyen al PSOE. En ambos casos habrá ganancias y pérdidas por uno u otro lado. Pero permanecer en la oposición imponiendo sus ideas (que no difieren demasiado de los postulados de los grandes partidos políticos, todo hay que decirlo) puede volverse en su contra ya que en la Comunidades Autónomas y en los Municipios una vez formado el gobierno, el margen de maniobra se reduce en una gran miríada de políticas. Por tanto, la influencia será menor que si forman parte del gobierno (lo que puede aplicarse a Podemos igualmente). Esto puede provocar que su electorado acabe volviendo a sus orígenes (PP/PSOE) a poco que ambos partidos limpien sus casas porque ¿para qué votar a B si A va a gobernar sin un gran freno? Además, los gobiernos establecidos les achacarán las debilidades de la gestión o de la puesta en marcha de aquella o esta política concreta. Serán dañados sin participar del gobierno y sin establecer un programa de gobierno. Consensuar desde fuera del poder y con amenazas de disolución o de moción de censura es contraproducente a todas luces. Y los partidos europeos que han intentado este tipo de política han acabado desapareciendo o han aceptado la democracia de consenso real.
En el caso de Podemos existen dos diferencias claras. Primera, compite solamente en el ámbito de la izquierda, lo que puede ser igual de perjudicial que su compañero de reparto. Y segunda desde esta formación política se pretende acabar con el sistema político actual y transformarlo radicalmente lo que le infiere un cierto margen de maniobra. Al igual que sus congéneres políticos han marcado una serie de principios irrenunciables, en algunos casos incomprensibles (como sacar el dinero de bancos que desahucien ¡si hasta la banca del Vaticano los hará!), para dar apoyos institucionales y no participar en la conformación de gobiernos. Pero a diferencia de C’s, al partido podemita no se le va a perdonar que se permitan gobiernos conservadores habiendo posibilidad de gobiernos de izquierda. La ciudadanía que les ha apoyado puede comprender que estar fuera de los gobiernos, de momento, puede ser una táctica cortoplacista para marcar territorio a los “partidos de la casta”, pero tienen la barrera ideológica que imposibilitaría que con su abstención o su voto en contra gobierne la derecha (salvo casos llamativos y flagrantes de corrupción generalizada del partido mayoritario). Además, al contrario de lo acontecido con C’s, las Plataformas que han sido apoyadas por Podemos pueden alcanzar el gobierno en importantes municipios españoles. Perder esa oportunidad de ir “tomando los cielos” puede conllevar cierta desesperanza entre sus votantes. Los cuales, al ver que se sigue estando en la oposición sin más, podrían acabar volviendo a sus orígenes (IU/PSOE). Por tanto, el consensuar pactos de gobierno puede ser decisivo en el caso de Podemos porque, sus votantes, sí les han votado para gobernar y cambiar el sistema del 78. Sin embargo, no entrar a formar coaliciones de gobierno (democracia consensual) podría ser menos perjudicial en el comportamiento electoral. Eso sí, siempre y cuando, mantengan un discurso y una acción no tanto de oposición férrea como de promoción de cambios significativos.
¿Es nueva esta forma de hacer política? No. La han utilizado partidos en España y fuera de ella (tanto para estabilizar como para desestabilizar al sistema), aunque el matiz diferencial es que ambos son partidos de ámbito estatal. Pero no dar el paso de implicarse en el gobierno, conformando una democracia consensual, puede que les haga ser vistos como partidos bisagra, o a que la ciudadanía dude de su capacidad de gestión. Si eso ocurriese acabarían siendo pasto de la voracidad de los grandes partidos, que sí tienen cuadros más formados, y de los poderes fácticos. El PSOE consiguió ser visto como un posible partido de gobierno porque gestionó municipios antes de llegar al gobierno. Esa lección parece que no la están aprovechando los partidos neófitos. Además, para cambiar las cosas hay que tener poder, algo al menos. Sin embargo, desde fuera se puede solo influir pero difícilmente cambiar las cosas porque, además, los gobiernos siempre poseen mayor información de la realidad que la oposición. Y la información genera mayor poder, no lo olvidemos. Por tanto, creemos que sería mucho mejor para ambos partidos y para el propio sistema en cambio que las dirigencias de ambas organizaciones pensasen seriamente el implicarse en los gobiernos por medio de la democracia consensual. Ya que allí dentro el veto puede surtir más efecto que desde fuera.